“¡Se cierra todo! Escríbanlo como les digo. Las cerraduras las hemos comprado ya! Tan sólo esperamos a ver cuándo nos tocará a nosotros!”, asegura Anastasis Haros, dueño de un negocio de la céntrica calle Ermou.

Su amigo, Dimitris Yulatis, ya es un empresario en paro. “Yo no tuve suerte y cerré mi tienda hace un mes. Aún no tengo la tranquilidad suficiente para ver lo que voy a hacer en el futuro”, dice. Mientras tanto, pasa su tiempo en el café de una calle peatonal cercana. “No habéis visto nada todavía”, asegura Nikos, el camarero a quien los comerciantes de la zona apodan como “el barómetro del mercado”. “Volveremos a hablar a partir de septiembre. Entonces va a llorar mucha gente. Si hoy está cerrada una tienda de cada cuatro, en medio año será una de cada dos”.

El camarero sabe lo que dice, porque será a partir de entonces cuando empezarán a sentirse los efectos de las medidas de ajuste drásticas que adoptó el gobierno griego bajo las recetas del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea. La calle Ermou, que empieza en la céntrica plaza de la Constitución (Syntagma para los helenos) donde se encuentra también el Parlamento y acaba en la plaza de Monastiraki, a orillas de la Acrópolis, es la calle comercial más emblemática de Atenas. O lo ha sido hasta ahora, porque ya el 40% de las tiendas en esta calle están vacías desde hace meses. “Cerrado”. “Se alquila”. Este cartel, pegado en el cristal de un escaparate abandonado, se reproduce por todo el centro.

Si se quiere medir el impacto de la crisis económica que afecta el país, sólo hay que darse una vuelta por las calles más comerciales de la capital griega. Escaparates vacíos, cerraduras en las puertas e imágenes de abandono en lugares que antes eran el corazón comercial de Atenas.

Un declive meteórico que también afecta a restaurantes y bares: lugares que han cerrado por la crisis y están vacíos a la espera de un nuevo dueño. Algunos llevan ya meses cerrados. El escenario no es muy diferente en las calles que conforman el centro histórico de Atenas (y de las principales ciudades griegas de norte a sur). En el último año y medio han cerrado tiendas de todo tipo: librerías, tiendas exclusivas de ropa o joyerías de alto nivel que hacían las delicias de los miles de turistas que paseaban por el centro. El cartel de “cerrado” “se vende” o “se alquila” está puesto incluso en decenas de pequeños locales que ofrecían souvlaki, un producto alimenticio típico griego. La crisis no hace excepciones para nadie.

El sector privado, ¿a salvo?

Los empleados del sector público y los pensionistas pierden ya el 30% de sus ingresos anuales por los recortes de su sueldo y el aumento de los impuestos. El sector privado queda por el momento a salvo, aunque el Gobierno griego no excluye la posibilidad de tomar medidas “suplementarias” y en los mentideros políticos atenienses se da por descontado que también resultará pronto muy afectado por la recesión. Según los expertos griegos, el sector privado se verá afectado en al menos un 3%, lo que llevará al cierre de miles de puestos de trabajo. “El mayor problema es que la gente no tiene dinero, por eso las ventas han disminuido”, dice el propietario de una tienda de telas en la calle Evangelistrias, una de las calles más pequeñas que cruzan Ermou. “En realidad, nunca nos hemos recuperado de verdad después de los sucesos violentos de diciembre de 2008. Y ahora, la gravedad de la crisis económica está acabando con todo“. A finales de 2008, Atenas ardió después de la muerte del adolescente Alexandros Grigoropoulos a manos de la Policía. Las manifestaciones dieron lugar a conflictos violentos entre agentes de Seguridad y anarquistas encapuchados. Decenas de tiendas fueron destrozadas o sufrieron daños graves y saqueos de sus productos. En los meses siguientes, en varias ocasiones, las tiendas, los edificios públicos y las entidades bancarias fueron el objetivo prioritario de las revueltas. Las más graves causaron, hace un mes, la muerte de tres personas y decenas de heridos y detenidos. “Me da miedo que vayamos hacia el caos”, dice un comerciante de la zona, tomada casi a diario por manifestaciones cada vez más virulentas, quien representa el sentir general de un sector en caída libre desde hace meses.

“Crisis económica, huelgas, incidentes violentos… Cada vez que hay una manifestación, las calles del centro quedan cerradas. Eso hace que los residentes de otros barrios opten por venir cada vez menos para hacer compras”. Las señales del terremoto económico y político no se ven sólo en los comercios de día. La crisis también ha tocado de gravedad a los lugares de ocio nocturno. Bajando la calle de Ermou y a la derecha de la plaza de Monastiraki se encuentra Psiri. Un antiguo barrio pobre y degradado, donde antes había sólo pequeños talleres y fábricas. A finales de los años 90, el ministerio de Medio Ambiente y Vivienda dio luz verde a la creación de centenares de locales de noche en un espacio de apenas dos kilómetros cuadrados. Psiri, que pretendió ser el Soho de Atenas, se llenó de restaurantes y bares, en su mayoría caros, donde hasta hace poco más de un año era casi imposible encontrar mesa e incluso caminar por las callejuelas estrechas por la multitud de gente que llenaba el barrio.

Zonas desértica

Ahora, Psiri parece un desierto. En las cuatro calles más céntricas del barrio hay ya 30 de los 46 locales y tiendas cerrados. Y, la clientela, ha bajado vertiginosamente. Por falta de gente, muchos bares y restaurantes abren sólo viernes, sábado y domingo. “Cubanita”, uno de los clubs de música latinoamericana más famosos de Atenas y la panadería de enfrente, que vende pan fresco y dulces hasta el amanecer, son de los pocos lugares que permanecen abiertos toda la semana. No saben por cuánto tiempo. Las encuestas certifican que los griegos salen menos por los problemas económicos. Además, los datos de las empresas de distribución de bebidas alcohólicas indican una disminución del 20 por ciento en el consumo del alcohol. Mientras tanto, varios propietarios de locales en Psiri hacen autocrítica en los periódicos locales: “Vendíamos muy caro las bebidas y muchas de ellas eran malas”; “los precios en la comida eran altos y la calidad baja”… Los más optimistas confían en que la zona “resucite” pronto. Quizás, en vano. De esto podrían hablar varios propietarios de pisos de alquiler en el centro histórico de Atenas. Giorgos Sotiriou tiene un pequeño local que alquila en Sofokleous, la calle donde se ubica la Bolsa griega: “Hasta hace tres años, lo tenía alquilado a una tienda de empanadas por 2.400 euros al mes. El negocio no fue bien y lo tuve cerrado 10 meses. Después me lo alquilaron para poner una librería por 2.200 al mes y al poco también cerró. Llevo seis meses sin alquilarlo y quizá tenga que bajar a 1.900 o quizá a 1.500 euros?”. En la misma calle junto a su cartel de “Se alquila” otros tantos le hacen la competencia. Está claro que no son los comerciantes los únicos que pierden con la crisis. Por cada restaurante o bar cerrado, hay griegos que han perdido también su empleo: camareros, cocineros, músicos, personal de la limpieza… Lo mismo vale para las tiendas. La mayoría de las que tuvieron que cerrar, contaban con más de un empleado. Unas cifras que engrosan las cada día más abultadas filas del paro que ya superan el millón de personas en un país con 11 millones de población. Y los expertos económicos auguran que este 11% de parados de hoy serán el 17 o el 18% en los próximos meses por el durísimo ajuste impuesto a Grecia. Como indica Vasilis Krokidis, presidente de la Confederación Nacional de Comercio, “en el primer trimestre de 2010 los parados llegaron a 60.000 sólo en el sector del comercio. Unos 16.000 negocios han cerrado en todo el país, mientras el mismo peligro existe para otros 65.000. En total, una de cada cuatro tiendas está ya cerrada”.

El escenario es similar en varias ciudades grandes del país. En el Pireo, han cerrado más de 2.600 negocios y las ventas han bajado un 20 por ciento. En Tesalónica, la segunda ciudad de Grecia que cuenta con un paro de 20%, en las calles más comerciales hay decenas de tiendas cerradas. En Larisa, la quinta ciudad en importancia, con un nivel medio-alto, por cada cinco tiendas que cierran, abre una. A pesar de este ambiente taciturno general, los que sí resisten bien son los grandes centros comerciales y las cadenas internacionales, como Zara o H&M. Los pequeños negocios, al contrario, ven el futuro con mucha cautela o pesimismo. “¿Cómo se puede montar un negocio, cuando cada día aumenta el número de los que tienen que cerrar?”, se pregunta Kostas Vulgaris, que tiene una tienda de ropa desde hace 32 años. “Cierran hasta los locales de comida”, señala un comerciante de hilos, cuyo negocio fundó su familia en 1935. “Lo que nos queda y no nos podrán quitar, ni el Gobierno, ni el FMI ni la UE, es la dignidad”.

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Written by carlos guerrero

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