Según publica hoy el diario el Mundo, se ha filtrado un borrador de un informe confidencial del FMI (Fondo Monetario Internacional),  en el que se afirma que «El Banco de España cometió errores a la hora de calibrar la verdadera situación de los bancos españoles». 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

El citado borrador oficial es el «Financial Sector Assesment Program Update» y en éste, el FMI lamenta que el Banco de España actuase con lentitud, prefiriendo instar a las entidades a fusionarse en lugar de cerrarlas.

Lo más importante del informe, en mi opinión, es que alerta que el Banco de España carece de poder para legislar sus sistema de supervisión, así como de sancionar a las entidades, ya que esto depende del gobierno., perdiendo de esta manera agilidad para reaccionar antes estas situaciones.

Ahí radica uno de los problemas. Los inspectores del Banco de España, hicieron bien su trabajo detectando en 2003 la grave situación de la banca española en su día y de la desastrosa burbuja inmobiliaria en la que se encontraba España.

¿Qué ocurrió entonces? Que el Banco de España depende del legislador, es decir del Congreso de los Diputados, es decir de los políticos, para poder actuar con rapidez y contundencia. No se hizo así. Tal y como afirma el informe del FMI, «Pensaron que no aumentarían los malos activos inmobiliarios». 

En resumen, los políticos pensaron que era una simple corrección de los activos inmobiliarios y no una debacle en toda regla. O les interesaba pensar de esa manera. En fin. Hoy la prima de riesgo por las nubes y la mayoría de los bancos y cajas aún declarando beneficios…

 

 

 

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Written by carlos guerrero

1 Comment

anton

Democracia real ya…pero, ¿de verdad queremos democracia?
Posted on mayo 7, 2012
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No sé. Me imagino a mí mismo pero siendo diabético y pesando 140 kilos ante el escaparate de una pastelería donde también sirven café. Con muchas ganas de desayunar, mi voluntad cae presa del magnetismo de un increíble par de donuts. No, no son donuts normales. Son de pastelería, con un baño de chocolate blanco en una mitad y negro en la otra. Entonces me pregunto… por mucho que sea libre, por mucho que mi voluntad diga “si quiero”… ¿sería lo más beneficioso para mí darme ese pequeño festín?

No, el título es correcto y esto no va sobre donuts. Sólo se trata de una analogía. Me asalta la duda, ¿escogemos generalmente lo que más nos conviene?

Cuando, tras las primaveras árabes, los informativos comenzaron a abrir continuamente con la acampada en la Plaza del Sol y con sus posteriores réplicas en el resto del territorio, pensé que algo podía cambiar. Por una vez parecía haber un pequeño brote contra la resignación que tanto abunda en este país. Me sentí esperanzado, para qué mentir. Sin pensarlo dos veces, ese sábado no dudé en hacer los ochenta kilómetros que me separaban de la Plaza de Catalunya de Barcelona para poder participar con mi apoyo. Pasaron los días y, como tantas cosas buenas de este país, se echó a perder y quedó prácticamente en nada. ¿Una semilla que no acabó de brotar? Espero que el tiempo muestre que, lejos de haber una sola, existían más. Mi frustración al respecto llegó cuando definitivamente el que yo llamo “borracho de mi pueblo” se convirtió es uno de los más asiduos de la acampada que se instaló en la plaza de mi localidad. Esta muestra popular degeneró tanto que no comprendía que no los sacaran de ahí de una vez por todas.

Pasado todo ese episodio me pregunto el porqué de la demanda de una democracia real. ¿De veras tiene sentido? Como no lo veo claro prefiero darle un par de vueltas. ¿La democracia nos hace libres? ¿Nos tomamos en serio nuestro voto? De ser la respuesta negativa, ¿por qué se lo deberían tomárselo en serio los políticos?

Llevo muchos años sin votar. Ni tan sólo voto en blanco. Aunque puede que esté equivocado, estoy plenamente convencido. Ahora mismo no creo que mi voto tenga más objeto que el de legitimar a un mentiroso para que haga lo que quiera según le convenga.

Imagínate que me contratas para que te construya una casa a partir de los planos que me facilitas. Me pagas 200.000 euros y resulta que, pasado un año, te encuentras algo que dista mucho de ser tu casa. He construido un local preparado para albergar un taller mecánico (que casualmente me ha salido más barato). Tú me reclamas tu casa, yo no hago caso y acabamos en el juzgado. ¿Qué crees que ocurriría? ¿Crees que el juez, por mucho que yo hubiera considerado que era mejor idea construir un taller mecánico, me hubiera considerado legitimado para ello? Lo dudo mucho.

Entonces… ¿qué pasa con tu voto? Imagina que, lejos de ser alguien que se toma su voto a broma, eres una persona responsable y sensata que analizas los programas electorales de los candidatos. Encuentras uno que te gusta, casualmente el del que resultará ganador y, en apoyo, le entregas tu voto. ¿De verdad no se te queda cara de tonto si después hace justo lo contrario a lo prometido, es decir, utiliza tu aprobación para hacer justamente lo que dijo que no haría?

Claro que quizás es un poco más complejo y resulta que nadie espera que esas promesas sean sinceras. Entonces, la Democracia, no sería más que votar al mentiroso que más te convenza. Un poco absurdo, me cuesta comprenderlo. Es cierto que, por desgracia, uno no siempre puede cumplir con todo lo que quiere, pero no deja de ser curioso que, en función de si estás en el gobierno o en la oposición tu “cantar” sea uno u otro y que, cuando llegues al gobierno, siempre hayan múltiples “sorpresas” con las que no esperabas encontrarte. Es más, llama la atención el descaro con el que se lleva a cabo esta tragicomedia. Lo siento pero no me lo creo y cada vez que veo la valoración que tienen individualmente los políticos me da la sensación de que no soy el único.

Pero… entonces, ¿por qué votamos? ¿Es sólo por el hecho de que nos gusta que nos consulten independientemente de que no vayan a hacer el más mínimo caso de lo que digamos? Si realmente la opinión del cuidando fuera importante, teniendo en cuenta en la era en la que estamos, se podrían hacer referéndums por vía telemática con mucha frecuencia pero nunca, de una forma u otra, se hacen. ¿Creen entonces los gobernantes que el ciudadano tiene derecho a escoger? Es obvio que no. Entonces… ¿por qué participar en esta tontería?

Busquemos otro enfoque. Por un momento pensemos que los políticos no son tan sinvergüenzas. Imaginemos que el 100% son honestos. ¿Nos tomaríamos nosotros en serio el voto? ¿Seríamos capaces que votar por lo que más conviene a la comunidad aunque fuera en perjuicio de nosotros mismos o siempre optaríamos por nuestro lado egoísta? No lo sé pero, sin embargo me preocupa más otra cosa. ¿En función de qué valoramos la realidad? Es decir, ¿lo que percibimos es cierto? ¿Los medios de comunicación son honestos? ¿Lo que nos cuentan es cierto? ¿Y nos cuentan todo lo que hay? Si esto no es así, ¿cómo nos vamos a formar una opinión correcta sobre cualquier cosa? He aquí otro problema. Basta con seguirlos para encontrar la respuesta. Unos son “copy paste” de otros y parecen más preocupados en añadir un toque “personal” en función de su línea editorial que en explicar realmente cual es la realidad. ¿Dónde quedó el periodismo de investigación riguroso? En fin, supongo que con tanto becario treintañero no se puede pedir mucho más. Ahora mismo se limitan más bien a decirnos hacia donde debemos mirar mientras nos la cuelan por el otro lado.

Bueno, quizás estoy siendo demasiado negativo y ni los políticos ni los medios son así. De todos modos, creo que hay otro problema: las legislaturas duran un máximo de cuatro años. ¿Qué primará un gobierno si espera ser reelegido? ¿El corto o el largo plazo? Si resulta ser la primera de las opciones el problema es mucho más grave de lo que parece y explicaría, entre otras, muchísimas políticas insostenibles que están acabando con los recursos del planeta. No te preocupes, a ti igual no te tocará sufrir las consecuencias más graves pero, si tienes hijos y de veras te procura su futuro, casi mejor que seas creyente y estés convencido plenamente que Dios se aparecerá de nuevo, nos solucionará los problemas, y borrón y cuenta nueva. Eso sí, siempre y cuando le demos tiempo y no nos lo carguemos de nuevo. Mientras un gobernante pueda recoger los beneficios inmediatos, generalmente más fáciles de conseguir, y no esté ahí para enfrentarse a las consecuencias negativas de haber escogido el camino más fácil no va a cambiar nada. Es más, la verdad es que no estoy tan seguro de que, en este caso, el problema sean los gobernantes sino que más bien creo que es algo que radica en la actual naturaleza humana de los occidentales.

De todos modos, si todo lo anterior fuera incorrecto, nos quedaría un pequeño escollo por salvar: la globalización. Sí, en todos sus sentidos. ¿Mandan las mega corporaciones? No lo sé, pero si es así el tema es grave. Si no te lo parece piensa un rato entre los intereses de la industria bioquímica y los de la farmacéutica. Sí, transgénicos, pesticidas y medicamentos. Y para facilitártelo le buscas respuesta a la siguiente pregunta. ¿Qué le beneficia más a la industria farmacéutica: una persona sana o un enfermo crónico? Y, si tienes otro momento, comienza a mirar estadísticas sobre las enfermedades que más acosan al occidental y su presencia en países no desarrollados. Cuando acabes simplemente plantéate si, tan libre e importante que eres, tienes derecho a saber lo que lleva lo que comes. Por cierto, el tema de las ondas electromagnéticas lo dejo a un lado porque sino todos nos quedaríamos sin el Iphone. Bueno, pero no quería ir por aquí. La cuestión es si tu voto sirve de mucho cuando tu país pertenece a un organismo supranacional; en nuestro caso la UE. Claro, si salga quien salga, llegado el caso va a mandar un tercero que no entraba supuestamente en las quinielas -aun siendo ganador en todas- no sé yo si definitivamente todo deja de tener sentido alguno.

Quizás, si estuviera en lo cierto en cuanto a los tres puntos anteriores, nos podríamos plantear que el ciudadano no está preparado para conocer y valorar la verdadera intención de un gobierno pero, de ser así, quedaría claro que este sistema carece de sentido alguno. Quizás lo bueno es que nos hace sentir libres pero… ¿realmente lo somos? Teniendo el cuenta que es bastante fácil que un ciudadano acabe pagando mediante impuestos -directos e indirectos- la mitad o más de lo que cobra (si no defrauda) para que los gobernantes “inviertan” ese dinero a su criterio… ¿realmente ese ciudadano ha de sentirse libre? Si, dado el caso, tiene la sensación que sólo una parte realmente se destina a los intereses de la comunidad a la que pertenece, perdiéndose otra por el camino, ¿no se podría hablar de una especie de extorsión pública y legal? ¿Tiene acaso opción de escoger el mantenerse al margen de este teatro?

En cualquier caso, cuando la mayoría parece estar en lo cierto, asumo mi error y aprovecho sólo a hacer una serie de anotaciones.

Por un lado, el sistema democrático ha permitido que el capitalismo y el sistema financiero estén acabando con casi con todo. Obsolescencia programada, transgénicos, cambio climático y escasez de recursos naturales. Ha sido un abono para que esto se desborde. No todo el progreso, por desgracia, está siendo para bien. Un río, bien controlado, puede hacer mucho bien, pero desbordado no trae más que el caos. Nunca se ha destrozado tanto el planeta. Ha servido para alimentar un consumo incitado y desbordado que está arrasando con todo. No eres lo que eres sino lo que posees. Se han creado mil y una necesidades absurdas que antes ni existían.

No deja de llamar la atención que la envidia en cuanto a crecimiento económico y futura primera potencia mundial -China- no esté dirigida mediante un sistema democrático. También lo es que el capitalismo se acabe rindiendo ante la ideología comunista. Supongo que eso es una nota para los ideólogos aunque también hay que tener en cuenta que cuando el fuego arrasa con todo, si no le das combustible, se acaba apagando. Igual sólo se trata de eso.

A modo de conclusión, quiero dejar claro que no digo que sea mejor una dictadura. Lo que digo es que quizás haya llegado el momento de dar una vuelta de tuerca y evolucionar un poco más. Si el sistema actual no funciona tal y como está concebido, quizás sea hora de modificar algo. Mientras tanto, prefiero escribir a votar, ya que sólo quiero vivir mi vida sin molestar a nadie, sin que me la amarguen y sin que unos sinvergüenzas acaben con el planeta con mi voto como pretexto.

Santiago Abeiro

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