Últimamente se llevan más los negros o los blancos. En cambio los grises son repudiados. No están de moda. Y a mi me gusta el gris. Otoño es gris. Yo nací en Otoño. Me gusta interpretar las cosas desde varios puntos de vista. Siempre hay grises. Pero ahora nadie lo aprecia. O te decantas por el blanco, o por el negro, pero prohibido elegir el gris. Para mi pasar página es imposible, siempre hay que volver atrás. Eso no es malo.

Con el post de hoy, vuelvo atrás y de nuevo sigo dándole vueltas a este tema. Todo es gris en este asunto. Y me gusta.

En este post, comenté los riesgos de eludir la norma imperativa 2/2007, que regula el régimen de sociedades profesionales. Con el post de hoy pretendo, dar las claves para evitar la aplicación de este régimen.

foto sociedades profesionales

Según la Resolución de la Dirección General de Registros y Notariado, de fecha 2 de julio de 2013, establece las claves para diferenciar las sociedades profesionales de las que no cumplen con los requisitos para considerarse como tales:

“La propia Exposición de Motivos delimita la naturaleza de la sociedad profesional, al manifestar que «la nueva Ley consagra expresamente la posibilidad de constituir sociedades profesionales stricto sensu. Esto es, sociedades externas para el ejercicio de las actividades profesionales a las que se imputa tal ejercicio realizado por su cuenta y bajo su razón o denominación social. En definitiva, la sociedad profesional objeto de esta Ley es aquélla que se constituye en centro subjetivo de imputación del negocio jurídico que se establece con el cliente o usuario, atribuyéndole los derechos y obligaciones que nacen del mismo, y, además, los actos propios de la actividad profesional de que se trate son ejecutados o desarrollados directamente bajo la razón o denominación social. Quedan, por tanto, fuera del ámbito de aplicación de la Ley las sociedades de medios, que tienen por objeto compartir infraestructura y distribuir sus costes; las sociedades de comunicación de ganancias; y las sociedades de intermediación, que sirven de canalización o comunicación entre el cliente, con quien mantienen la titularidad de la relación jurídica, y el profesional persona física que, vinculado a la sociedad por cualquier título (socio, asalariado, etc.), desarrolla efectivamente la actividad profesional. (…)

Es, por lo tanto, ese centro subjetivo de imputación del negocio jurídico en la propia sociedad profesional, atribuyéndole los derechos y obligaciones que nacen del mismo, desarrollados directamente bajo la razón o denominación social, lo que diferencia, en su naturaleza, la sociedad profesional, de las sociedades de medios, las de comunicación de ganancias y las de intermediación.”

Dos son las claves, en mi opinión, para diferenciar las sociedades profesionales y de las que no cumplen con los requisitos para acogerse a este régimen, y para evitar que exista confusión entre las mismas,

1.- La sociedad profesional es aquélla que se constituye en centro subjetivo de imputación del negocio jurídico que se establece con el cliente o usuario, atribuyéndole los derechos y obligaciones que nacen del mismo.

2.- La sociedad que no realice una actividad profesional, deberá constituirse como sociedad de medios o de intermediación, declarando expresamente que estamos en presencia de este tipo de sociedad.

¿Cómo evitar la aplicación del régimen jurídico de la Ley de Sociedades de Profesionales?

Según la resolución citada, para evitar que la sociedad entre en el ámbito imperativo de la Ley 2/2007, de 15 de marzo, de Sociedades Profesionales, se debería manifestar expresamente que sociedad, “constituye una sociedad de medios o de comunicación de ganancias o de intermediación”.

Por tanto, debe exigirse “que para dar «certidumbre jurídica» la declaración expresa de que estamos en presencia de una sociedad de medios o de comunicación de ganancias o de intermediación, de tal modo que a falta de esa expresión concreta deba entenderse que en aquellos supuestos estemos en presencia de una sociedad profesional sometida a la ley imperativa 2/2007, de 15 de marzo.”

 

 

 

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Written by carlos guerrero

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