Es muy frecuente, especialmente en el ámbito de la alta dirección, la estipulación de complementos retributivos ( “bonus”) para los trabajadores en función de los objetivos alcanzados, nivel de beneficios, tiempo de permanencia en la empresa, etc.

 

 

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En estos casos, debemos plantearnos la procedencia de la aplicación de la reducción del 40% (será de un 30% tras la reforma fiscal) prevista en el artículo 18 de la Ley del Impuesto para las rendimientos que tengan un período de generación superior a dos años y que no se obtengan de forma periódica o recurrente.

Al respecto, resulta ilustrativa la Consulta vinculante V1361/2013, de 22 de abril, de la Dirección General de Tributos, en la la que el consultante, “empleado, desde septiembre de 2008, en una multinacional que se dedica a la gestión de patrimonios y fondos de inversión internacionales manifiesta que, en 2008, pactó con la empresa un sistema de retribución, como complemento a su salario, conocido como “bonus”. Dicho complemento está vinculado a continuar contratado en la empresa en la fecha de cobro y a la obtención de resultados positivos. En marzo de 2011, la empresa abonó al consultante el citado complemento”.

En este caso, se trataba de la adjudicación al trabajador de un número de acciones de Incentivo a Ejecutivos . Las mismas “son acciones teóricas diseñadas para recompensar el rendimiento. Tienen una vida fija de tres años y constituyen un incentivo a medio plazo dirigido, a discreción de la empresa, a ciertos empleados de alto nivel y alto rendimiento.  El pago de las acciones, que se realiza a su vencimiento, se determina básicamente en el incremento que haya habido en el valor de las acciones reales. En el marco de dicho plan de acciones imaginarias, cada año que una persona es identificada como empleado de alto rendimiento y es seleccionada para participar en el plan tiene la oportunidad de recibir acciones imaginarias”.

La Dirección General de Tributos, tras confirmar la calificación de rendimientos del trabajo de los rendimientos procedentesde dicho Plan de Incentivos, concluye a efectos de la procedencia de la reducción del artículo 18.2.a) de la LIRPF, que:

“(…) sí se aprecia la existencia de un período de generación de los rendimientos que resulta superior a dos años. No obstante, el mencionado precepto exige también que los rendimientos no se obtengan de forma periódica o recurrente. Este Centro Directivo ha reiterado en numerosas ocasiones que, conforme a la normativa del Impuesto señalada, los rendimientos que inicialmente pudieran tener el carácter de rendimiento con un período de generación superior a dos años perderán la reducción del 40% si se trata de retribuciones que se devengan con una determinada periodicidad, o que tienden a repetirse en el tiempo, aunque no coincida el espacio de tiempo entre una y otra retribución. Esta valoración de la periodicidad o recurrencia del rendimiento obtenido podrá efectuarse tanto a priori, si las retribuciones ya están así inicialmente fijadas, como a posteriori, si una vez percibidas las retribuciones, los hechos demuestran que éstas se repitieron en el tiempo, sin más límite temporal que la existencia de un plazo suficientemente dilatado, de tal manera que no quepa apreciar que para el trabajador se convierte en una fórmula retributiva normal.

En consecuencia, toda vez que el bonus no se satisface de forma fraccionada y siempre que no se pueda apreciar la mencionada periodicidad o recurrencia, le resultará de aplicación la reducción del 40 % prevista en el artículo 18.2 de la LIRPF con el límite de 300.000 euros anuales”.

La valoración fiscal no se ve afectada por la forma o denominación bajo la cual se satisface la retribución, ya se trate de bonos de antigüedad, entrega de acciones, primas por el cumplimiento de objetivos, etc., sino que debe atenderse a la concurrencia de las circunstancias que permiten apreciar que el trabajador obtiene, con independencia de la forma, estas retribuciones de forma regular o periódica.

De tal modo, resulta sencillo determinar cuándo una renta cumple el primero de los requisitos (período de generación superior a dos años) mientras que la segunda condición, la obtención del rendimiento de forma no periódica o recurrente, plantea numerosas dudas. La doctrina administrativa en este ámbito resulta aún poco clara, lo que lleva a los contribuyentes a plantear consultas tributarias a fin de evitar posteriores “disgustos fiscales”.

 

 

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Written by carlos guerrero

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