La Ley 3/1991, de competencia desleal trata de equilibrar el interés privado de los empresarios, el interés colectivo de los consumidores y el propio interés público del Estado al mantenimiento de un orden concurrencial debidamente saneado.

La Ley define con detalle los actos considerados de competencia desleal. Con ello trata de evitar que cualquier comportamiento molesto para los participantes del mercado puede reputarse desleal. La ley se constituye así  en un instrumento de ordenación y control de las conductas en el mercado.

Se establece la siguiente cláusula general: “Se reputa desleal todo comportamiento que resulte objetivamente contrario a las exigencias de la buena fe”.

Para que exista acto de competencia desleal deben cumplirse las dos condiciones previstas en el artículo 2 de la Ley:

  1. Que el acto se «realice en el mercado» (es decir, que se trate de un acto dotado de trascendencia externa)
  2. Que se lleve a cabo con «fines concurrenciales» (el acto ha de tener por finalidad «promover o asegurar la difusión en el mercado de las prestaciones propias o de un tercero»)

El artículo 9 define los actos de denigración del siguiente modo: Se considera desleal la realización o difusión de manifestaciones sobre la actividad, las prestaciones, el establecimiento o las relaciones mercantiles de un tercero que sean aptas para menoscabar su crédito en el mercado, a no ser que sean exactas, verdaderas y pertinentes.

¿Denigración o enojo? 

En la Sentencia del Tribunal Supremo 3689/2014 se analizan los diversos elementos que deben concurrir para poder calificar una determinada conducta o declaración como actos de denigración.

El Tribunal deja claro que los actos impugnados por la Clínica Dexeus no pueden ser considerados actos de denigración si se trata de información pertinente, amparada por la libertad de expresión reconocida en el artículo 20 de nuestra Constitución. La finalidad concurrencial en los actos de denigración y su aptitud para afectar ilícitamente las decisiones de mercado son los elementos clave para poder encajar una determinada conducta o práctica comercial más o menos molesta para los competidores como un acto de competencia desleal. Y ello es así porque el bien jurídico protegido por la Ley no es tanto la reputación de otros intervinientes en el mercado sino la propia competencia económica leal.

De tal modo, el Tribunal considera que la afectación a la reputación que sea inhábil para afectar a la transparencia del mercado y la adopción de decisiones de mercado, tomando en consideración la reacción efectiva o esperable del círculo de destinatarios del acto considerado, no constituye un acto desleal de denigración.

La emisión de opiniones sobre cuestiones de interés general, siempre que no se utilicen expresiones ofensivas innecesarias se encuentra amparada constitucionalmente y es por tanto legítima. En la mencionada sentencia, uno de los socios ha sido cesado de la Clínica Dexeus. El Tribunal no ha considerado que la realización de manifestaciones objetivamente denigrantes queden justificadas cuando están motivadas por un sentimiento de disgusto, enojo o incluso rencor personal hacia los socios sino que cuando las manifestaciones realizadas solo muestran, objetivamente consideradas, la existencia de tal sentimiento, carecen de aptitud para distorsionar las decisiones de mercado y, en consecuencia, no pueden considerarse actos desleales de denigración.

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Written by carlos guerrero

2 Comments

Victor

Muy interesante Carlos. Verías viable la vulneración del derecho al honor de la Clinica por el socio “enojado”?

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