La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, en su Sentencia de 5 de febrero de 2013, analiza la posible nulidad de un precontrato de trabajo suscrito por los padres de un menor.

En este caso, el Fútbol Club Barcelona, el marco de una relación negocial compleja, suscribió un precontrato de trabajo con los padres del menor y, simultáneamente, un contrato de jugador no profesional, así como el contrato de trabajo propiamente dicho.

 

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La especialidad del caso reside en la cláusula penal pactada en el precontrato. El jugador debería abonar 3 millones de euros al Barcelona si no llegase a integrarse en la plantilla del club como como jugador profesional. Las posibilidades de excepcionar la cláusula penal eran cuanto menos escasas: únicamente razones de estudios, de trabajo ajeno al fútbol o de familia. En ningún caso podría el jugador vincularse a otro club de fútbol que no fuera, exclusivamente, el Fútbol Club Barcelona, sin pagar 3 millones de euros.

El Jugado de Primera Instancia admitió la validez del precontrato, si bien moderó la cuantía de la cláusula penal. Por su parte, la Audiencia Provincial estimó el recurso interpuesto por el Barcelona y exigió al jugador el abono íntegro tanto de la cláusula penal, como de la indemnización prevista en caso de rescisión unilateral del contrato.

El Supremo ha venido a poner un poco de orden a este desbarajuste. Se pregunta el Alto Tribunal si el precontrato de trabajo suscrito entre las partes constituye un bien excluido de la administración de los padres al tratarse de un contrato de trabajo de un menor de dieciséis años .

Para enjuiciar la validez de la relación negocial no debemos perder de vista el interés superior del menor. Los padres del demandado, al suscribir un precontrato con una cláusula penal indemnizatoria tan desmesurada, han gravado los bienes de su hijo de por vida. La tutela del interés superior del menor se encuentra  íntimamente ligado al derecho fundamental del libre desarrollo de la personalidad. Argumenta el Tribunal que “el interés del menor en decidir sobre su futuro profesional constituye una clara manifestación o presupuesto del desarrollo de su libre personalidad que no puede verse impedida o menoscabada. En este ámbito no cabe la representación, del mismo modo que tampoco pueden ser sujetos obligados respecto de derechos de terceros.La adecuación al interés superior del menor, por tanto, se sitúa como el punto de partida y de llegada en que debe fundarse toda actividad que se realice en torno tanto a la defensa y protección de los menores, como a su esfera de su futuro desarrollo profesional”.

Por si fuera poco con los 3 millones de euros exigidos al jugador para desvincularse del Club, el precontrato incluye la cesión futura de los derechos de imagen del menor para cuando sea, en su caso, jugador profesional. Entiende el Tribunal que “el derecho a la imagen tiene un ámbito patrimonial, pero dicho ámbito está íntima e indisolublemente vinculado a su ámbito personal, ya que el derecho a la propia imagen es, en esencia, un derecho a la personalidad, es decir, que dentro del elenco de derechos fundamentales, es de aquellos derechos más relevantes y trascendentes, ya que tiene por objeto alguno de los aspectos o elementos más esenciales de la persona en sí misma considerada. Por eso, como derecho de la personalidad, es un derecho irrenunciable, inalienable, imprescriptible, y podrá ser revocado en todo momento

El Tribunal, acertadamente en mi opinión, estima el recurso de casación y declara la nulidad del precontrato de trabajo, así como de la citada cláusula penal, por resultar contrario a los límites inherentes al orden público en materia de contratación de menores, especialmente en lo referente a tutela del interés superior del menor en la decisión personal sobre su futuro profesional como aspecto o presupuesto del desarrollo de su libre personalidad .

 

 

 

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Written by carlos guerrero

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