La Ley 18/2014, de 15 de octubre, de aprobación de medidas urgentes para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia, ha introducido una Disposición Adicional trigésimo novena a la Ley del Impuesto sobre la Renta de las personas físicas. Se pretende suavizar el impacto negativo que han tenido las preferentes en el patrimonio de sus titulares. Como todos conocemos, la soluciones dadas a los preferentistas han sido variadas: entrega del dinero depositado (con las consecuentes pérdidas), canje por acciones, etc. Y esto enmarcado en un escenario optimista, ya que aún quedan muchos titulares de estas participaciones que no han conseguido ninguna solución a su “deuda perpetua”.

 

foto fiscalidad preferentes

La DA 39 LIRPF trata de evitar un impacto aún más negativo en el patrimonio de los preferentistas a la hora de efectuar su declaración de la renta. Cuando se obtiene el dinero depositado (en la mayoría de los casos, con pérdidas) o cuando se canjean las preferentes por acciones, se genera una renta negativa que el contribuyente ha de integrar en su base imponible. En ambos casos, se trata de una pérdida a integrar en la base imponible del ahorro, como rendimiento del capital mobiliario derivado de la cesión a terceros de capitales propios.

La regla general de integración y compensación de rentas en la base imponible del ahorro es sencilla. Se establecen dos compartimientos, uno dedicado a los rendimientos del capital mobiliario, y otro a las ganancias y pérdidas patrimoniales derivadas de transmisiones. Se trata de compartimentos estancos, de modo que si cualquiera de ellos resulta negativo, no puede compensarse con el saldo positivo del otro. Esta regla general de impermeabilidad se ha modificado, con efectos desde el 1 de enero de 2014, para los preferentistas. De tal modo, ellos podrán compensar las pérdidas derivadas de las preferentes con las posibles ganancias patrimoniales que pudieran tener. Si tras dicha compensación quedase saldo negativo, su importe se podrá compensar en los cuatro años siguientes.

Además, y exclusivamente en el 2014, si el preferentista acumula aún pérdidas sin compensar, podrá hacerlo también con las ganancias patrimoniales que integran la base imponible general, es decir, las no derivadas de transmisiones, así como las ganancias  puestas de manifiesto con ocasión de la transmisión de elementos patrimoniales  con un período de permanencia igual o inferior al año.

Como vemos, la norma trata de ayudar a los preferentistas, si bien resulta insuficiente y su técnica fiscal resulta cuanto menos discutible. En primer lugar, aún quedan muchos preferentistas cuyos casos están siendo tramitados por los tribunales. Si una persona lleva a cabo la compensación explicada en su IRPF 2014 y, posteriormente, el Juzgado ordena a la entidad bancaria la devolución de un importe superior, ¿cómo ha de regularizar su situación tributaria? la solución implicará la presentación de una complementaria en el año en que la sentencia judicial adquiera firmeza. No tendrá recargos ni sanciones (faltaría más) pero sufrirá la progresividad del impuesto. Por último, si las rentas corresponden a ejercicios ya prescritos, el lío está servido. Esperaremos a la declaración de 2014 para juzgar la efectividad de la medida y si realmente muchos preferentistas pueden acogerse a esta medida ya que, probablemente, el perfil más frecuente de preferentista no es aquél que obtiene otras ganancias (con las que compensar sus pérdidas) sino alguien que ha depositado la mayoría de sus ahorros en las preferentes y no obtiene más rentas que una posible pensión o prestaciones similares. En este último caso, poco va a a aliviar su situación esta nueva reforma del impuesto.

 

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Written by carlos guerrero

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