La Ley de Segunda Oportunidad (RD 1/2015) aparece esporádicamente en los medios, dando esperanzas a particulares y autónomos ahogados en deudas. Pero, ¿es efectiva?

La cuestión presenta cierto debate, ya que como cualquier otra norma tiene sus detractores. Sin embargo, la Ley de Segunda Oportunidad ha demostrado su efectividad en numerosas ocasiones.

En este artículo vamos a explicar, a grandes rasgos, en qué consiste esta ley. Al final del mismo incluiremos varios ejemplos exitosos, para que el lector pueda comprobar de primera mano que este mecanismo sí permite librarse de las deudas y volver a empezar de cero.

En qué consiste la Ley de Segunda Oportunidad

La Ley de Segunda Oportunidad establece un mecanismo que permite a los autónomos y particulares reestructurar sus deudas y librarse de aquellas que resulten impagables.

El sistema es de tal relevancia que ya desde el momento en que se trataba de un anteproyecto empezamos a darle seguimiento, hasta hacer un análisis completo de la ley en 2015.

Por supuesto, este mecanismo se enmarca en un sistema que tiene en consideración a los acreedores, evitando en la medida de lo posible que se utilice fraudulenta o abusivamente. Así, a la hora de acogerse a la Ley de Segunda Oportunidad el insolvente deberá:

  • Presentar un historial crediticio impecable. No podrán acogerse a este mecanismo quienes lo hayan hecho en los 10 años anteriores. Además, esta Ley exige que el deudor entregue la totalidad de su patrimonio. Es decir, no se trata de una amnistía incondicional, sino de un regreso a la casilla de salida.
  • Carecer de antecedentes penales respecto a delitos contra el orden socio económico. La Ley de Segunda Oportunidad no se puede aplicar a aquellos que hayan atentado contra los delitos económicos ajenos. De hecho, ni siquiera permite que el insolvente objeto de un concurso culpable se acoja a ella.
  • Intentar reestructurar su deuda, incluyendo el pago de créditos privilegiados y una proporción de los ordinarios.

Cómo funciona el mecanismo de la segunda oportunidad

Para acogerse al mecanismo de la segunda oportunidad el insolvente deberá tratar de reestructurar su deuda. En este sentido debe aportar un acuerdo extrajudicial de pagos, (AEP) en el que podrá incluir quitas y esperas, con ciertos límites.

Las habilidades de negociación resultan imprescindibles en esta primera etapa del procedimiento, ya que el acuerdo de pagos debe ser apoyado por los acreedores y por el propio mediador concursal nombrado. Dependiendo de la cantidad de apoyos que reciba, los efectos y el alcance del acuerdo extrajudicial de pagos será mayor o menor.

Este acuerdo debe acompañarse de un plan de pagos, que se elabora junto a los acreedores y se aprobará o no, en una reunión con el mediador concursal designado y los acreedores. Si hay acuerdo, se eleva a público un acta del acuerdo, y si no lo hay el mediador concursal deberá solicitar el concurso consecutivo y será el momento en el que el juez otorgará el beneficio de la exoneración.

El beneficio de la exoneración es el que permite que el insolvente quede libre de la obligación de abonar los créditos impagables. Como resulta razonable, durante la reestructuración de la deuda se habrá comprobado ya la solvencia real del deudor, por lo que exigir pagos más allá de esta resultará infructuoso.

Aunque con ciertos matices, la Ley de la Segunda Oportunidad impide que el beneficio de la exoneración se aplique a créditos alimenticios y públicos (aquí ya hay jurisprudencia a favor del deudor).

Por último, cabe señalar que el mecanismo de la segunda oportunidad se somete a un control sucesivo. De modo que si durante los siguientes 5 años se incumple el plan de pagos o se incurre en circunstancias que prohibieran la aplicación de la Ley se podrán cancelar sus efectos.

Ventajas de la Ley de la Segunda Oportunidad

En definitiva, el mecanismo de la segunda oportunidad permite a particulares y autónomos hacer más llevadera su carga e incluso librarse de ella. Su objetivo es satisfacer en la medida de lo posible a los acreedores del insolvente, pero sin excederse.

Es decir, la Ley entiende que cuando es materialmente imposible satisfacer una deuda, poco sentido tiene seguir presionando al deudor.

Así, los principales beneficios de la Ley de Segunda Oportunidad son:

  • La posibilidad de renegociar las deudas. Cuando el insolvente se acoge a esta Ley, sus acreedores deberían estar interesados en colaborar en la reestructuración de la deuda. En caso contrario saben que podría aplicarse el beneficio de la exoneración, perdiendo sus derechos de cobro.
  • La apertura a vías de satisfacción crediticia hasta ahora complicadas de emplear. Por ejemplo, en el pasado era infrecuente que un banco aceptara la dación en pago de una vivienda hipotecaria en el momento en que el prestatario no podía amortizarla. Sin embargo, la forma en que se regula el mecanismo de la segunda oportunidad abre las puertas a las daciones en y para pago.
  • La posibilidad de librarse de la parte impagable del crédito mediante el beneficio de exoneración. Esto supone una exclusión al principio de responsabilidad patrimonial universal (art. 1911 CC). Es decir, hasta ahora el insolvente debía responder de las deudas con todo su patrimonio presente y futuro. La Ley de Segunda Oportunidad le permite, sin embargo, entregar todo su patrimonio y comenzar de nuevo, sin deudas a las que hacer frente.
  • Todo ello sin dejar de lado los derechos e intereses legítimos de los acreedores, gracias a sus sistemas de control y garantía.
  • Y, por supuesto, protegiendo los créditos más sensibles, como son las pensiones alimenticias y, en menor medida, los créditos públicos.

Casos reales donde la Ley de Segunda Oportunidad ha sido efectiva

Como indicamos en la introducción, a continuación se relatan algunos casos destacados, donde particulares y autónomos se han librado de sus deudas gracias a la Ley que comentamos.

Otra fuente útil para comprobar que el mecanismo de segunda responsabilidad es real y efectivo son las Sentencias que se publican regularmente sobre la materia.

Y es que la jurisprudencia está haciendo un desarrollo muy interesante de una ley que, sin lugar a dudas, va a resultar de importancia capital dentro del Código de Segunda Oportunidad.

En un próximo post, comentaremos los casos más complejos y con más riesgos para el patrimonio del deudor, y las posibles soluciones que nos proporciona la ley de segunda oportunidad.

Ahora es el turno del caso de éxito más sencillo, rápido e incluso habitual.

Persona natural no empresarial con un elevado sobreendeudamiento y sin vivienda en propiedad

La causa principal de la insolvencia en estos casos, es el sobreendeudamiento por préstamos personales al consumo y tarjetas de crédito con intereses muy elevados.

Si una persona o una familia se encuentra en esta situación, y no puede hacer frente a los pagos de manera inminente o actual, podrá reestructurar su deuda mediante el acuerdo extrajudicial de pagos (AEP), y si no consigue el acuerdo, con el concurso consecutivo en el que alcanzará la exoneración o condonación de la deuda.

Es importante destacar, que para sea un éxito, ya sea consiguiendo una importante quita de la deuda y un aplazamiento sustancial sin intereses, o bien la condonación total de la deuda, sin asumir riesgo de liquidación del patrimonio,  la familia tiene que residir en una vivienda en régimen de alquiler. De esta manera no ponemos en riesgo de liquidación la vivienda habitual, en el caso que no se consiga el acuerdo extrajudicial.

Todos las personas que se encuentren en esta situación deberían no dilatar y deteriorar más su situación y solucionar sus problemas financieros con el procedimiento de ley de segunda oportunidad, ya que nunca ha sido tan favorable para los intereses de los particulares.

En otro post, explicaremos el caso real de un autónomo, con deudas acumuladas de avales prestados en su actividad profesional o de sociedades que gestionaban. Y para más adelante el caso de éxito de familia con vivienda en propiedad y sobreendeudamiento.

Para cualquier cuestión no dudes en contactar conmigo.

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Written by carlos guerrero

6 Comments

Pablo Daniel Moyano Ilundain

El problema de estos procesos es que si se hacen largos terminan frustrando a los acreedores

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Ley de la segunda oportunidad - Blog de Carlos Guerrero

[…] Discrepo sobre esta afirmación. La mayoría de deudas inasumibles de los empresarios, viene dada por deudas con entidades financieras y principalmente avales en hipotecas sobre naves industriales y otros activos inmobiliarios. La mayoría de empresarios que avalaron con sus bienes a la empresa, ya ha sido liquidados. Ya han perdido todos sus bienes después de siete años de crisis. Por tanto la deuda pendiente es un crédito ordinario que será exonerado. Aquí algún caso de éxito. […]

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